
El tiempo es un monstruo con ojos verdes, igualitos a los míos. Me miro al espejo y lo veo, me observa fijamente y hace que me sienta escozor en la conciencia. Me dice que no lo aprovecho, que dejo que se aburra. Me mira y me mira y me señala una arruga en la frente que antes no tenía. Yo le señalo mi lunar con intención de decirle que no todo está perdido y él se parte de risa sin ningún respeto. Trata de jugar conmigo, de engancharme, pero entonces lo miro fijamente, desafiándolo y, armada con el corrector de ojeras, trato de eliminar mi arruga. Se ríe a carcajada limpia. Me desnudo y le enseño mi cuerpo. Mira estas tetas, le digo. Y me dice que son tetas de alguien que no ha sido madre y que a este paso no lo será nunca. ¿Y? Apago la luz y salgo del baño, así, desnuda y todo. Te fastidias, tiempo maldito.
El tiempo es un monstruo pesado que pasa lento, muy lento y apela a mi paciencia. Todo llega, me dice. Y yo asiento, pero no estoy muy convencida. Tengo miedo de tirarme toda la vida esperando algo que no llegue. Me pregunto muchas veces cómo sabe uno que es "el momento". Me lo imagino como algo bíblico casi: Se abre el cielo, baja un rayo luminoso y una voz del más allá te dice, "ha llegado tu momento". Pero no conozco a alguien a quien le haya pasado... Así que espero, qué remedio. E intento empujar a esa masa mostruosa y deforme, pero cuanta más fuerza hago, más pesado se vuelve y más se ríe de mí. Maldito. Justo me pide algo de lo que carezco, paciencia. Deja de hacerme esperar, maldito.
El tiempo es un mostruo que viaja en metro. Se sienta a tu lado para recordarte que llegas tarde a trabajar. Se levanta y le dice al maquinista que, aunque son las 6:30 a.m., ha llegado el momento de ajustar el horario. El maquinista le hace caso y se tira cinco minutos parado en una estación. El monstruo se sienta a mi lado y me sonríe. Vas a llegar tarde, ¿dónde quedó la chica puntual? Yo subo la música de mi I-pod y me pongo a leer a Borges. Pero me da golpecitos en el brazo y reclama mi atención: Vas a llegar tarde. Maldito, cállete ya, lo sé.
El tiempo es un mostruo con alitas de ninfa que pasa volando en una noche de baños clandestinos, placer y conversaciones semietílicas. Suena el despertador, no puede ser. Me tengo que ir y no he dormido nada.Deberías estar acostumbrada, pobre insomne. Se viene conmigo y cuando llego a la oficina, se corta las alas y echa el ancla. Ahora las ocho horas delante de tu ordenador van a pasar muy lentas... Ni el café te salvará. Maldito, ¿por qué te cortas las alas justo ahora?
El tiempo es una hoja de mi agenda que tiene señalado en rojo el próximo fin de semana.