martes, 3 de febrero de 2009

No puedo

No me puedo concentrar!! No puedo leer y no puedo escribir. Tengo miles de borradores que no puedo acabar. ¿Qué me está pasando?

viernes, 23 de enero de 2009

Autobombo

Me publican un relato y estoy muy contenta!!!

domingo, 18 de enero de 2009

Piel

No quería estar y se fue. Pero cuando llegó se dio cuenta que tampoco quería estar en ese lugar. Se volvió a ir. Una vez allí echó de menos el primer lugar y pensó que si le pasaba eso era porque tampoco quería estar allí. Se fue. Otra vez. Pero esta vez fue una marcha triste, lloraba y lloraba. Y aunque sabía que se debía de ir y estaba absolutamente convencida de ello, se sentía el ser más triste del universo. Quizá no se quería marchar realmente, esta vez dejaba mucho por el camino. Quizá estaba demasiado cansada de cambiar de lugar con tanta fecuencia. Se equivocaba. Era un problema de piel. Se mudó con todas sus cosas pero se dejó la piel en cada rincón de aquella casa oscura. Había piel de ella por todas partes, en el baño, en la cocina, en el sofá y, por supuesto, en la cama. Había capas superiores y capas profundas. El suficiente tejido epitelial como para crear otro ser humano igualito a ella y a tamaño natural. Pero estaba toda desperdigada y, como era muy blanca y transparente, cualquiera que en esa casa hubiera barrido no la hubiera visto y la hubiera mandado al cubo de la basura junto con un montón de pelusas, los restos de las migas de pan de la última cena y demás materia orgánica e inorgánica que pulula por el suelo de una casa normal y corriente. Pero era piel viva, con sentimientos y sensaciones, que sentía miedo al ser barrida y soledad por no formar parte ya de ese cuerpo con el que nació.

Ya no volveré a tener piel, me di cuenta esta mañana mientras cerraba la caja de los zapatos mágicos. Mi piel se quedó enredada en un caleidoscópio que le da vueltas y la marea, aunque no la hace cambiar de color. Allí está. Y yo aquí, sin ella. Se podría pensar que ahora estoy mejor, que me he deshecho del dolor, del calor, del sudor, de los salpullidos... Pero no es así, ahora estoy en carne viva y no tengo barrera para algunos sentimientos que se infectan en mi cuerpo y me hacen enfermar de pena. No puedo parar de llorar, y es mucho peor, porque se me seca la carne de la cara.

Mi piel no quiso venir conmigo y ahora estoy siempre desnuda. Sé que no es probable que volvamos a estar juntas. Deambulo por la vida sin piel. No quiero otra si no la mía. Pero me quedé sin ella. Ya nada volverá a ser igual.

viernes, 16 de enero de 2009

A muerte

- Si decides regresar conmigo, esta vez voy a ir contigo a muerte-.Dijo él en aquellos días deseperados en los que quería ganarse su amor a toda costa.
- Está bien, a muerte los dos juntos-. Contestó ella, medio hipnotizada.

Y así fue. A muerte. Hasta que ella murió, pero de pena.

Es el segundo intento y las cosas no van bien. No me siento feliz, por algún lado estallaré. Las palabras bonitas no duraron mucho más de lo que tardaron en decirse. Y eso que yo no sabía toda la verdad, si no, no hubieran durado ni el tiempo en que son pronunciadas.

Estallé. Ahora soy una loca y una histérica. Pero me niego a pasar mis días tumbada en un sofá esperando a que pase algo mágico que no se está buscando, o que se está perdiendo. Dices que no me entiendes y yo lo afirmo. Estamos a años luz. Yo no entiendo tu hermetismo, ni tus secretos. No entiendo porque nunca soy invitada a tus conversaciones, aunque se traten de banalidades. Ni porque no haces un esfuerzo en entender las mías.

Yo estaba tan bien... Vivía un momento dulce, me encotré con gente en el camino capaz de estimular mi mente y mi alma, si es que no son una misma cosa. Y eso me hacía feliz, más que comprarme veinte pares de zapatos de cenicienta. Pero me dejé llevar por tus encantamientos de serpientes y fui muy feliz, todo lo feliz que se puede ser cuando uno se empeña en algo, aunque esté diametralmente equivocado. No, no me digais que ya te lo dije, bastante tengo ya.

Lo curioso es que la vida, el destino, el azar y mi maldita curiosidad infantil, me llevaron a ir conociendo la verdad día a día. Y día a día fui enfermando hasta acabar en fase terminal. Poco a poco entendí muchas cosas que fui obviando, quizá por mi obsesión en no querer dormir sola. Pero me dejé enfermar. Cuando noté que no era este el camino, me propuse irme, quería una huída, pero se complicó y está siendo un lento mutis por el foro. Demasiado lento.

Hoy sé muchas más verdades de las que sabía ayer y tengo un sentimiento horrible de pena, de pérdida de tiempo. Si ya me había dejado cosas por el camino, ahora encima me voy dejando tiempo. Y energía. Creo que me dejaré morir. Así ya no hay nada que perder. Es duro enfrentarse a lo que ha sido un engaño contínuo, a las risas de los demás cuando te dejan de lado. Hoy sé que no volviste por mí, sé que no estuviste desocupado mientras estabas lejos. Sé lo que piensan de mí los del otro lado. Sé que mientras tus condiciones eran draconianas conmigo, tú te las saltabas a la torera. Y he vuelto a dar mil pasos hacia atrás, llegando al punto de hace dos años. Te pedí que no me hicieras pasar dos veces por lo mismo, y aunque es cierto que nunca creí que no lo fueras a hacer, cerré los ojos con fuerza y te seguí. A ciegas. A muerte.
Mi lado bueno es muy bueno, es maravilloso, pero mi lado malo es cruel. Sin embargo esta vez he tendido a racionalizar las cosas: Me encantaría poder vengar ciertas cosas que han pasado. Me encantaría poder causarte el dolor que tú me has causado multiplicado por diez, ser yo la que puediera hacerlo. Que vieras lo que es, porque nuestros actos siempre tienen consecuencias en los demás, aunque tú no lo creas. Pero no haré nada, estoy tan inmersa en mi dolor que no me sale. Y aparte creo que así demostraría lo gran persona que puedo llegar a ser. No haré nada. Yo, que no creo en el destino y que creo sólo en el azar, pienso que esta vez sí que el destino pondrá las cosas en su sitio.

No quiero que tu traición a gran escala me haga desconfiar de todo a partir de ahora. Conozco mucha gente en la que puedo confiar, porque se muestran tal y como son. Y algunas de esas personas quieren pasar parte de su tiempo conmigo. Disfrutaré de ello. Siempre me han encantado esas charlas con un buen libro en la mano, Rachmaninov y té roiboos. Ellos no se merecen los efectos colaterales de tu traición.

Los cristales de mi coche hoy están empañados pero esta vez por el frío y por los mil cigarrillos que me he debido fumar del trayecto hacia mi nueva casa, donde dormiré sola, pero sin engaños.

Estaba triste, pero ahora además siento ese dolor que te desgarra, que te impide comer y dormir, ese que no es nada bueno. Se marchará. Mientras recurriré a la ayuda externa, sea cual fuera.

- Si regresas conmigo, voy a ir a muerte.
- No lo hagas, ya estoy muerta. Morí de pena el día en que me enteré de toda la verdad oculta.

viernes, 26 de diciembre de 2008

Sustituyendo

Soy una persona libre e independiente. He estado todo el día fuera de casa, donde quería estar, disfrutando de la vida y procurándome todos los placeres diurnos que he podido: un gran desayuno, tres horas de peluquería, cosméticos caros, un paquete de tabaco entero y cinco horas de cañas con una amiga. Tan contenta y sin dar cuentas a nadie. No puedo pedirle nada más a la vida.

En esta casa que ha dejado de ser mía, sigo siendo la misma persona libre, supuestamente. Y como soy libre e independiente, me quedo aquí. No hay nada que comer. No hay nada que hacer. Busco un S.O.S, pero sólo me oigo y misma. Y es que soy tan libre...

Me tumbo en el sofá con las fuerzas justas para llamar al telechino. Qué más puedo pedir a la vida: comida china, tabaco, cerveza y una caja de ibuprofeno. En búsqueda del placer efímero. Sustituyendo sentimientos por emociones ficticias. Echo de menos tu abrazo y el humo de tu boca. Pero me alegra verte feliz.

Mírame, estoy guapa hoy, con mi pelo liso y brillante. Te espero. Y mientras sustituyo este vacío con tabletas de chocolate negro. Quizá con un somnífero.

De todas formas, esta no está siendo una mala Navidad. Soy tan libre, tan independiente, he tomado mis propias decisiones. Estoy tan bien, que sustituyo toda esta felicidad por una emoción ficticia.

No olvides que no me gusta dormir sola...

martes, 23 de diciembre de 2008

Otra vez me he perdido...

Conduzco por el centro de Madrid en una tarde de resaca. El sol invernal es cálido hoy, pero me molesta en los ojos y casi me doy con el coche de delante. Creo que mi intención es ir a mi casa (¿tengo casa ahora?) pero, como me pasa demasiado a menudo, me pierdo. Nunca lo había pensado, pero ahora que caigo, quizá me pierdo porque algo de mí no quiere volver. No, no quiero volver, seguro. Pero regreso, dando mil vueltas, haciendo un camino en zig-zag. Llevo casi cuatro días desaparecida, aunque no todo lo que me hubiera gustado. Mi vida en este intervalo de tiempo cabe en una bolsa de plástico de una tienda trendy. Pocas cosas, Pligia, Proust, Insolence, mi cepillo de dientes verde, un jersey gris mojado aún y algo de lencería. Lo necesario para subsistir como nómada un fin de semana largo, más no. El tráfico es horrible, creo que porque es Navidad, eso dicen al menos, porque yo no tengo ninguna conciencia de ello. Todos los años me empeño en la Navidad, me pido vacaciones, planifico, pienso regalos... Iba a disfrutar de todos los hábitos castizos, bocadillo de calamares en la Plaza Mayor incluído, este año que ya no tengo metal en la boca. Pero veo pasar los días... Quería una Navidad alegre, quería reirme. Pero parece que no todo el mundo quiere lo mismo. Las dos últimas navidades fueron duras y me empeñé en que esta no, pero no parece funcionar. Tendré que empeñarme más a fondo.

Continuo mi camino inventado. Tengo frio en las manos y pongo la calefacción a tope. En la radio transimiten un programa de cuentos de Italo Calvino, pero no me llego a enterar del final de niguno porque voy pensando en algo, no sé en qué. Desde luego no en el camino. Noto un tic en el labio inferior y me miro en el retrovisor. Parece que estoy aún más nerviosa de lo que pensaba. El tic se multiplica y se hace notar también en el labio superior. Mejor me fumo un cigarrillo, así seré menos consciente. Veo a gente pasear, todo muy organizado, como si todo el mundo supiera dónde tiene que ir. ¿Lo sabrán realmente? Seguro que sí. A veces creo que soy la única que se pierde. Aunque siempre me termino encontrando. Aunque sea al final.

Los de fuera se han ido ya. Los de dentro no han venido este año. No estoy triste, sólo algo desangelada, quería una Navidad alegre. Y sin tics en los labios. Y con algún regalo envuelto en celofán rojo.

sábado, 6 de diciembre de 2008

Felicidad o cosas bonitas.

Hubo un tiempo en mi vida que no era feliz. Mi interior estaba lleno de cosas feas y me dedicaba a llenar mi exterior de cosas bonitas que supuestamente amortiguarían mi infelicidad. Tenía el armario lleno de zapatos caros, ropa buena repetida hasta la saciedad, perfumes exclusivos y, sobretodo, millones de libros. Conocía todos los restaurantes y locales de moda de Madrid, llenos de gente bonita por fuera, habría que ver por dentro... Todo eso no conseguía cambiar mi estado de ánimo, pero me entretenía. No estaba mal mi vida de superficialidad, aunque seguía insatisfecha y buscaba, quizá por el lugar esquivocado.

Hubo un tiempo en mi vida en que fui feliz. Dicen que me volví loca y dejé toda mi vida de comodidades a cambio de una utopía. Realmente hay que estar loca. Ese día dejé de mirar mi exterior y me dediqué tan sólo a lo que sentía, pero sólo a mis sentimientos, no a los de los demás. Era verdaderamente feliz, creo que no volveré a ser así de feliz en mi vida. No me importaba de si lo que había a mi alrededor era bonito o feo, porque no veía más allá de mi propia nariz, sólo lo que tenía más cerca y era más que suficiente. Creo que flotaba en mi sentimiento. No me importaba no tener ni dónde dormir.

No recuerdo qué pasó. Creo que fue algo paulatino que acabó con mucho ruido y muchas nueces.

Hubo un tiempo en mi vida en que no era ni feliz ni infeliz. No tenía cosas bonitas en mi interior ni en mi exterior. Tampoco cosas feas. A decir verdad, vivía de las rentas de todo lo que tuve. Vivía en una paz débil, no profundizaba en nada. Volví a buscar, aunque esta vez no sabía muy bien qué.

Hay un tiempo en mi vida en el que no soy feliz. Intento rodearme de esas cosas bonitas pero ya no es tan fácil conseguirlas. Sigo estirando mis rentas, pero cada vez son más escasas y más viejas. Ahora cada vez me cuesta más todo.

Texto sin acabar.